
Ser húngaro, al tercer
trago búlgaro, siempre zíngaro,
llamarme Elmyr de Hory,
o de Clery, o de Frery,
no ser pintor y serlo
todos,
un actor, un fingidor,
un falsificador,
ser noble y pobre o
millonario y miserable,
un marqués en zuecos o
un plebeyo con monóculo,
pintar Picassos falsos
y Modiglianis auténticos,
no vender ningún cuadro
y exponer en todas las galerías,
ser olvidado por la
historia pero inmortal en el museo de la memoria,
componer el engaño a
través de mi desengaño,
carecer de estilo para
no renunciar a ninguno,
tenebrista al alba,
surrealista en la siesta y si borracho realista,
perpetrar ciertos
bodegones, cometer retratos geniales,
ser un gran maestro de
la mentira y aprendiz de la verdad,
un verdadero falsario,
alguien sincero y mendaz,
olvidar que existieron
Magritte, Chagall, Bonnard,
como de Cervantes se
olvidó Pierre Menard,
ser italiano pobre,
francés tullido, holandés de una oreja,
sufrir todos los
alcoholes y disfrutar de todos los dolores
necesarios para
emocionar con los colores,
pintar en el lienzo en
blanco del olvido de mí mismo,
dibujar degeneradas
colecciones hurtadas a los nazis,
trazar hallazgos
descatalogados, legados secretos,
ser un auténtico
artista, un falso falsificador,
un verdadero truquista,
falaz como todo realista,
vivir en Ibiza, en un
palacio tapiado o una cárcel con vistas al mar,
creerme mis mentiras,
dudar de la verdad,
ser un vividor, un
burlador, un bebedor,
defraudar a expertos
fraudulentos, enriquecer a marchantes,
evidenciar a
historiadores falaces, a expertos farsantes,
acariciar como a otras
pieles distintas versiones, todas veraces,
hechizar al hechicero
Welles,
convertirme en su
metáfora del creador,
ser un artista, es
decir, un embaucador, un prestidigitador
que verdaderamente
engaña al espectador,
un impostor, un estafador,
un impostor, un estafador,
convertir en ficción
mi vida y mi vida en ficción,
ser un gitano genial
que ha sorprendido su
trashumancia en esta isla solar
como en alguna cama
inesperada una frígida su sensualidad,
ser un pintor, es
decir, un falsificador,
un prestidigitador de
la verdad,
un actor en realidad,
que en la última
película de Welles
ha incorporado a un
personaje que en otra toma –ojalá la última- repite:
ser húngaro, al tercer
trago búlgaro, siempre zíngaro,
llamarme Elmyr de Hory,
o de Crery, o de Frery,
no ser pintor y serlo
todos,
un actor, un fingidor,
un falsificador
…
…
…
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