
Ayer, al sol de la
libertad, el jazz me recordó a ti,
su ritmo, su apoteosis,
el éxtasis,
la batería que como el
caballo galopa en mi sangre,
me recordaron a ti,
cuando aún creía que el
brazo me serviría para algo más que pincharme,
la luz y el aire, los
neones y el frenesí me recordaron a ti,
Zosch, mi esposa, me
recordó a ti,
su belleza histérica,
su dependencia, su insistencia neurótica,
la culpa que como el
mono ella me carga a la espalda,
la urgencia del silbato
con que conjura a los fantasmas de su impotencia,
el hielo en llamas de
su mano, la rabia de su pelo amarillo,
su cuerpo reacio a todo
amor que no sea el de su silla de ruedas,
todo me recordó a ti, a
tu éxtasis,
diosa blanca de pupilas
voraces y dedos crueles,
ayer, cuando aún creía
que mi brazo servía para algo mejor que dar cartas
como quien da la vida,
los pordioseros y los
borrachos, las putas y los perros,
la suma del hambre y de
la sed, del amor y la soledad,
de los dolores y los
placeres, de la parálisis y del frenesí,
todo me recordaba a ti,
a tu apoteosis, a tu
éxtasis,
hada alba hacedora de
magia negra, mi hechicera,
la más valiente, que en
la sangre transmutas el caos en orden,
todo me recordaba a tu
belleza y tus proezas, a tu fuerza y tu tristeza,
pero también a tus
mentiras de farsante y falsificadora,
y clamé por ti, te
llamé con una súplica y quinientos insultos,
supliqué por ti y solo
me respondieron la burla de un maullido
y los aullidos de una
sirena, y ladridos,
y cuando apareciste fue
para empalarme la esperanza en un semáforo,
para ahorcarme en una
farola con el nudo corredizo de una corbata de seda,
para vaciarme con una
aguja hipodérmica los ojos miopes de las ilusiones,
siempre traicionas tu
palabra, me prometes lo imposible:
unas manos sabias como
las de un escultor barroco
(soy diestro en el
póker, me pincho en el brazo siniestro),
una orquesta de pájaros
que al crepúsculo me acompañe la batería solista
(sus percusiones como
el caballo me baten en la sangre),
unas baquetas que
toquen como varitas mágicas,
y como a un niño pobre volviste
a defraudarme,
de la decepción a tus
halagos y de tus promesas al desengaño,
siempre recaigo en los
tallos de tus brazos tersos y yertos,
en tu seno de orquídea
que se yergue como una cobra o un muerto,
en tus garantías de
prostituta en oferta
que después de cobrar
se cierra como algunas flores bajo la lluvia,
en tus juramentos de
que me darás siete placeres en una noche,
de que me bailarás
desnuda la danza de la muerte,
de que me inspirarás la
alegría de un agonizante,
y volví contigo, bruja
blanca, y me deparaste lo de siempre:
lágrimas y sed, sudores
y temblores, sangre y ganas de verte,
eres irresistible,
bella como un brazalete, punzante como un estilete,
la pobre Zosch me
advirtió contra ti demasiado tarde,
cuando ya sabía que mi
brazo solo me serviría para drogarme
y ya me habías robado
la luz y el aire, el día y la sangre,
y cada día el miedo que
te tengo llega como el deseo, impuntual pero seguro
como un camello, amor
mío, o algún mal amigo,
como un cobrador cada
vez más duro y fiero,
anoche, maldita, Molly
me recordó a ti,
cuando aún creía que me
amputaría el brazo antes de volver a probarte,
y como un caballo la
batería me percutía en la sangre,
la mujer que quiero me
recordó a ti, mi dosis,
heroína,
a tu frenesí, a tu
apoteosis, a tu éxtasis.
No hay comentarios:
Publicar un comentario