
Cuando de las cenizas
de tus cigarros renace el pájaro del aburrimiento
y asolan tus pañuelos
las hormigas del arrepentimiento.
Cuando de la cesta
rebotan las cabezas arrugadas de tus papeles
y reptan las cucarachas
por las paredes del pensamiento.
Cuando por error del
correo te llega una Underwood
y decides dejarlo todo
para escribir comedias de salón.
Cuando ya te niegas a
vender más miedos por cuenta ajena
y te da por alquilar
tus sueños a cualquier inquilino en quiebra.
Cuando la tristeza se
propaga como una epidemia de termitas
y quisieras bajarles
las cremallera a todas las vecinas.
Cuando solo te quedan
ganas de husmear en los armarios ajenos
y la naftalina, la
muselina, te recuerdan voces, hábitos del pasado.
Cuando no quieres que
te llegue la hora en la sala de espera
y luego describes todos
los síntomas del asma en el alma.
Cuando nadie te compra
a plazos ninguna ilusión
y como globos sigues
inflándolas a golpe de pulmón.
Cuando como unas
esposas te arrancas el reloj de la muñeca
y decides que es
burgués llevar calzoncillos o cartera.
Cando la corbata se te
desangra en el pecho
y el maletín siniestro
va dejando el rastro de un cadáver sangriento.
Cuando en una reunión
de trabajo haces pajaritas con las estadísticas
y pides la palabra para
aconsejarle a tu jefa que baile claqué sobre la mesa.
Cuando con unas tijeras
cortas el cordón umbilical del teléfono
y con los balcones
abiertos te paseas desnudo por las habitaciones.
Cuando tus hijos te
parecen más implacables que recaudadores
y de la muerte vienen tus
padres a defender sus ideales.
Cuando tus penas
aprenden a nadar en el oleaje de las copas
y como a muñecos tus
amigos le dan cuerda a tus fantasmas.
Cuando por tu culpa el
psiquiatra se da de baja
y te ves obligado a
practicar gimnasia, pilates, yoga.
Cuando en tu jardín
plantas uñas, pezuñas, cizaña o algún cadáver
con la esperanza de que
crezca una planta carnívora o un muerto viviente.
Cuando tienes ganas de
ver un film de Capra con palomitas, pipas, cocaína,
pero sin noticiario,
sin tener que cogerle a nadie de la mano.
Cuando descubres que te
has equivocado de piso, de vida, de pareja,
y que llevas una excusa
de más, el dinero justo, una cerveza de menos.
Cuando solo quieres
ensuciarte el cerebro de malos pensamientos
o limpiártelo de los grafitis
que en él te han escrito maestros necios.
Cuando solo encuentras
la felicidad envasada al vacío
y la nostalgia es un
paquete devuelto por destinatario desconocido.
Cuando el café lo
rocías de sal y de azúcar la sopa,
cuando te sorprenden en
la manga la última carta de la esperanza,
solo entonces serás de
los nuestros:
el abuelo siempre
admite a otro loco.
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