
Hermanos, tras dos años
al fuego ciego de una borrachera de miedo,
vuelvo a dirigirme a
vosotros desde el púlpito de mi fe,
viajen por los mundos
de Dios guiados por un predicador,
rezaba el folleto de
Blakes Tours con la convicción de mis rezos,
pero resultó un paseo
por la locura, el pecado y la muerte,
paisajes idílicos,
hoteles de lujo, playas de ensueño,
visiones de infierno,
lujuria de piojos, resacas como un pozo,
el castigo a mi
concupiscencia de fornicador, a mi insolencia,
cuando después de adiestrar
al salvaje gato de una catequista,
aquí mismo escandalicé
a vuestros justos rostros,
provoqué la acusación
de vuestros índices, el prejuicio de los ojos,
ofendí vuestras altas
dignidades, denigré vuestros ideales,
y como a fariseos os
expulsé de estas huecas bóvedas,
y queriendo derribar
vuestros sepulcros blanqueados
yo mismo me derramé
como una casa en un terremoto,
como una rosa al viento
o en una barra el vaso de un borracho,
y en aquel sermón sonó
la música de mi destrucción,
desde esta altura cayó
la primera piedra de mi ruina,
y sin muros, tumba sin
lápida, mi espíritu perdió su gobierno,
Old Man River pulsaba la
pianola de mi primer prostíbulo,
en mi ordenación una
fuga de Bach atacó el organista,
después del amor Las
Hojas Muertas tarareaba la catequista,
y la mañana en que
oficiaría hasta ahora mi última ceremonia
Old Man River entonó el
sacristán,
en el pórtico el
mendigo cantaba Las Hojas Muertas
y una fuga de Bach el órgano alentaba,
justo antes del sermón
sonaron las tres músicas de mi destrucción,
no soporté que en un
minuto se enhebraran los estribillos de veinte años,
encontrar seguidas mis
memorias perdidas fue mi ruina,
y mi razón estalló en
los añicos que pronto empecé a pisar descalzo
para purgar mis
pecados.
Cambié las aromáticas
sombras del templo por el mal olor, el cruel sol,
el cáliz por la
botella, la virtud por el alcohol,
la abstinencia por el síndrome
de abstinencia,
el cuerpo de Cristo por
la carne de iguana,
el frescor del alba por
los sudores de los despertares,
conozcan el mágico
México con un guía místico, un pastor,
la selva virgen, los
bailes típicos, la cultura maya, el Templo del Sol,
las diarreas, las
ladillas, los murciélagos en la cantina, el calor,
un guía que descarriará
a sus esposas y corromperá a sus hijos,
pervertirá los caminos
y engordará los precios,
y el miedo se convirtió
en mi mejor amigo,
un ciego viejo de
camisa blanca al que cruzaba y se quedaba conmigo,
el miedo y el horror,
un mendigo tullido que maldecía a todo el mundo,
el miedo y el horror y
la agonía, otra amiga mía, fea y propensa a la alegría,
mi consuelo era calarme
el alzacuello
y borracho murmurar el
rosario, celebrar un oficio solitario,
un simulacro de mi
sagrado ministerio
como lo es del amor el
vicio solitario,
hermanos, vuelvo a
temblar aquí en el púlpito
al recordar el via
crucis de mi último itinerario:
la lujuria rebelde de
aquella Lolita como una avispa en Tierra Caliente,
la hiel y el vinagre de
Mrs. Fellowes infectándome las llagas,
aquella plaga de
ancianas desentonando Happy Days
(el órgano ahora
parodia la canción de las carcamales,
acompañado por las
maracas de aquellos dos sementales,
la música que todo me
lo recuerda es mi estigma, mi mala conciencia),
el flagelo del despido
por acusación de estupro,
la corona de espinas de
la bebida,
y la llegada al Gólgota
del hotel de Maxine, viuda alegre, mi Magdalena,
situado en la cima de
una colina y de la selva de mi locura,
donde al cuidado de sus
manos (una triste y alegre la otra)
y de Hannah, la pintora
peregrina que parece una monja
y acompaña a su abuelo,
el poeta más viejo de la historia,
celebro, espectrales
hermanos, esta misa solitaria,
maniatado en una hamaca
al delirio de la luna,
y forcejeo y me sacudo
y me debato en este púlpito imaginario,
el único ámbito en que
recupero mis hábitos y puedo volver a expulsaros,
engreídos, creídos,
hipócritas, fisgones,
más que feligreses,
espectadores,
que a espaldas del
verdadero Dios
sedientos de sangre habéis
venido a celebrar mis pecados.
Por la época, todo se insinuaba, pero la escena de Ava bailando en la playa con los dos negros, insinuaba mucho más.
ResponderEliminarAsí es, además el contexto lo hace evidente: se van con ellos enfadada con el personaje de R. Burton.
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