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miércoles, 6 de diciembre de 2017

CASABLANCA



           
                    Resultado de imagen de casablanca humphrey bogart


Tócala, Sam,
aunque ni tú seas Louis Armstrong ni yo Jay Gatsby,
tócala otra vez, Sam,
te lo digo ahora aunque antes nunca te lo dijera,
tu voz de café no es un sucedáneo ni un eco,
qué verdadera
tu voz de chocolate, tu voz de cachalote;
de Francia queda la moneda
y la hipocresía de la bandera,
ni siquiera queda París,
rebajan el champán con agua de Vichy;
de Ilsa no quedan más que sus reflejos
en los añicos de esta copa;
de mí queda una sombra,
una silueta que lleva años reptando
por las mezquitas, por el mercado, por las plazas
de Casablanca.
Contigo al fin del mundo,
decía Ilsa con fulgor de novia,
nadie detendrá nuestro tren,
te querré siempre,
frases herrumbrosas que me sonaban a plata,
y ante la épica historiada del Arco de Triunfo,
yo, el campeón de las causas perdidas,
tuve miedo de perder, de perderla.
¿Sabes, Sam, centauro del piano?
Sin duda la revolución triunfará en América;
Hitler presentará la dimisión;
Ilsa y yo bridaremos por el amor.
Pronto celebrarán la Navidad en Times Square,
y tengo tantas oportunidades
de olvidarla
como un refugiado de escapar de Casablanca.
Viajaremos en ese tren, decía,
por las ventanillas nuestro amor alumbrará
las noches de terciopelo de la Costa Azul,
decía con voz de serpiente,
Sam, el recuerdo de París
es una cobra contra mí,
y mientras los dedos de luz del faro
alumbran el último rincón de mi conciencia,
mi odio es un monstruo de siete cabezas
que en llamas rojas salen de la playa del Bourbon,
y mi tristeza es una sirena ebria
varada en la margen izquierda,
tócala, Sam,
en Broadway celebrarán el último estreno
y aquí se ha levantado el telón de la tragedia,
tócala otra vez,
te lo digo ahora aunque nunca antes te lo dijera,
tócala, Sam,
aunque no sea verdad que el tiempo pasará,
el tiempo se rompe como una copa,
o se raja como un espejo,
o explota como una bomba de la Resistencia,
tócala, Sam,
aunque ni tú seas Ray Charles ni yo Scott Fitzgerald.

Como una sombra
a punto de desleírse en el ocaso
para licuarse en la última gota de luz
y convertirse en un espectro,
como un reflejo
a punto de disolverse en el espejo
para cristalizarse en el último añico de luz,
así Rick en Rick’s recuerda París,
con su smoking blanco
como una paloma sobre el cielo de Berlín,
como un cisne en el asedio de Madrid,
así Rick
recuerda el éxtasis.
                    
Tócala, Sam; si Ilsa puede oírla, también Rick,
aunque ya no sea el que entró en Berlín con dieciséis,
no es el mismo desde que dejó París,
cuando lágrimas de lluvia borraron la tinta,
fue como si la Torre Eiffel, el Campo de Marte,
las Tullerías, el Luxemburgo, Notre Dame,
París se alejara de mí,
cada vez más pequeño el Arco
al fondo de los Campos Elíseos
a ojos de un alemán
de pie en su tanque marcha atrás.
Tócala, Sam,
aunque ni tú seas George Gerswin ni yo Ernest Hemmingway,
mientras que tu voz sigue cantando como un pájaro
sobre los alambres del pentagrama,
de Francia quedan La Marsellesa, el mariscal
que desde los carteles ve morir a los héroes,
él ya no lo es,
de Ilsa quedan jirones de un ideal,
es una mujer fantasma que yo me inventé,
nada sabía de ella
salvo que se hizo una ortodoncia en Estocolmo,
que sus ojos brillaban como velas o estrellas,
que su piel era transparente,
que su alegría era un diamante
a la luz de la luna,
Ilsa era aquel diamante luna
una perla de la que quedan
fulgores de memoria;
pero de Rick, de mí,
solo queda la sombra, soy un zombi
que teje sus pasos por Casablanca,
un actor que juega a ser cínico
en el escenario del Rick’s café
con un atrezo de ajedrez, ruleta, cigarrillos,
los ojos nublados de nostalgia
por lo que no existió.
Nunca te dejaré,
silbaba Ilsa con su voz de serpiente,
nunca me bajaría de tu tren,
mi destino es el tuyo,
el tren con destino a Marsella.
¿Sabes, Sam, negro cisne
que boga sobre las notas del piano?
La esperaba, la verdad,
cuando esta tarde oí la música de mi destrucción,
esa maldita canción que tocabas,
¿por qué no la vuelves a tocar?
Sabía que era Ilsa,
al final cogió el tren de Marsella
solo que con dos años de retraso
y equipaje extra, Víctor Laszlo,
alguien solo un poco más valiente que aburrido,
la antítesis del capitán Renault,
solo un poco menos canalla que divertido,
lo cual lo convierte en mi mejor amigo.
Ojalá apagaran este faro,
sus dedos de luces me señalan la verdad,
mi odio es un tiburón
que sale de la playa del Bourbon,
y con la marea baja moriré
en la resaca,
en Times Square pronto cantarán Auld Lang Syne,
tócala, Sam,
aunque no sea verdad que el tiempo pasará,
el tiempo raja como una navaja la seda,
tócala otra vez, Sam,
te lo digo ahora aunque nunca antes te lo dijera,
tócala, Sam,
aunque ni tú seas Nat King Cole ni yo Humphrey Bogart.


  
    

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