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lunes, 5 de noviembre de 2018

WINCHESTER 73



        Resultado de imagen de winchester 73 pelicula


Soy exacto y seguro, raudo y letal,
bello y peligroso como una mujer fatal,
solo que yo no estoy en venta, no tengo precio, valgo la vida,
soy frío y tranquilo, pero presto a explotar como un loco,
con un único ojo y perfil afilado, todo yo un solo falo,
uno entre mil,
como a un fetiche me adoran Grant, Wyatt Earp, Bufalo Bill,
tengo la culata de cachalote, incrustaciones de marfil,
todos los pistoleros venderían su alma por mí,
hablo con balas como otros con palabras directo al corazón,
soy un rifle de repetición,
uno de los cuarenta y tres Winchester 73,
el Stradivarius del sicario, Guarnieri del pionero,
pertenezco a los hombres que tañen la música de la muerte,
unas percusiones que repercuten y puntúan el silencio fúnebre,
y aunque he tenido dueños buenos y malos
como Lin y Dutch, estos dos hermanos,
parezco condenado a caer en poder de los peores,
y como la belleza doy mala suerte a quien me posee
o quizá la muerte atrae a la muerte como la sangre a la sangre,
todos pelean por mí, se creen con derecho a poseerme,
tal vez como ciertas mujeres extraigo lo más cruel de los hombres
y atraigo a cuatreros y forajidos, a atracadores y asesinos,
ojalá alguna vez cayera en unas manos que me merezcan,
inocentes y blancas, de pan,
como las de Lin,
cuya puntería me ganó como premio en Dodge,
y de Lin por una emboscada negra pasé a Dutch
y de Dutch por arte del póquer al comerciante Lamont
y de Lamont por la fuerza a un sioux
y del sioux por la necesidad del azar al forajido Miller
y de Miller por la codicia verde a su colega Johnny Deen
y de Deen otra vez de vuelta a Dutch
y de Dutch, quién sabe, ojalá de vuelta a su perseguidor Lin,
todos pelean por mí,
ya estoy resignado a ir de mano en mano,
me pregunto por qué entre el bien y el mal,
esas dos caras de la moneda del azar,
siempre me ganan los asesinos, el hombre letal,
será porque albergo el relámpago de la muerte potencial.
      











domingo, 28 de octubre de 2018

ODA A SAMUEL FULLER



                            Resultado de imagen de samuel fuller                       

Samuel Fuller, autor modelo de Cahiers,
naturalizado francés, genio eterno de la serie B,
escéptico y lúcido como una lámpara encendida al amanecer,
malinterpretado y apropiado como Wagner,
con tu cámara escribes en la página de la pantalla,
colono del cine, moderno pionero, último primitivo,
fieramente tierno, impenitente compasivo,
barroco trágico,
violentamente pacífico,
aguerrido guerrero antibélico,
idealista, soldado antimilitarista,
en tus películas de guerra que casi no tienen extras
la batalla es el cadáver de una niña en las ruinas,
la locura es una bailarina ebria que desquicia la trinchera,
y sale la muerte del cañón de tu cámara, que apunta y dispara
como cuando gritas acción con un revólver en mano
y en la otra el dedo acusador de un habano,
te revelas como un mago del espacio,
tu cine de guerra tiene unidad de lugar y una estructura circular
donde tus personajes gozan de una segunda oportunidad,
un mito recurrente, la vuelta al lugar del crimen
o del amor,
el teatro de la guerra de Corea es un templo de Buda o la selva
donde un enemigo invisible acosa a una patrulla perdida,
pero deconstruyes los tópicos que devienen ritos fantasmagóricos,
como buen autor superas los géneros,
pionero, parece que todo lo ruedas el primero,
en tus westerns los travellings construyen las cabalgadas,
los duelos son la intensidad de tu mirada,
y el espacio y el clima fluyen del ángulo de la cámara,
tu puesta en escena impacta como una bala exacta,
tu ojo es el pistolero más rápido,
y el frenesí de los asesinos reside en la locura de tus planos,
Samuel Fuller,
némesis de políticos e intelectuales,
tu libertinaje ideológico hace enemigos en todas partes,
vehemente y turbador, efusivo y firme,
te pareces a tu musa Constance Towers
y a tu meceneas Darryll Zanuck, de la Fox,
exhibes las insignias del horror para combatir el horror,
eres hermano de Nicholas Ray, hijo de Raoul Walsh,
un anarquista reaccionario como Ford,
tu verdadera musa es la pasión,
cirujano de guiones,
tus planos son musicales,
cineasta de rodaje raudo y nervio puro,
genio de la serie B, b de tu idolatrado Beethoven,
otro inadaptado, como tú rey del contraste
que habría sido tu mejor personaje;
de tu juventud como periodista
provienen tu cine naturalista, documentalista,
el latido de los marginados, el ladrido de los desfavorecidos,
y tus primeros planos parecidos a primeras planas,
las imágenes inaugurales de tus obras que atrapan como titulares,
Samuel Fuller, director maldito y mutilado,
reportero y fusilero
que rodaste la entrada de los aliados a Falkenau,
arrebatado antirracista, airado individualista,
novelista,      
tu cine es palabra en movimiento, imágenes escritas,
espasmódico rupturista,
paroxístico incorformista,
a contracorriente como un salmón que busca la muerte,
enemigo de Hollywood, cineasta independiente,
tu cámara ama y odia a tus personajes,
en travelling los abraza, con un zoom les dispara,
baila con ellos en un ballet de espectros,
los besa, los acaricia, los mata.









miércoles, 3 de octubre de 2018

DÍAS SIN HUELLA




        Resultado de imagen de the lost weekend 1945

A la luz venenosa del alcohol
la camarera es Cleopatra que en el Nilo boga
entre las islas de las mesas,
y el tiempo es un tren del que a velocidad de vértigo
no me puedo bajar.
Bajo la luz estridente del whisky
la botella es una lámpara de Aladino
que con su genio me concede setenta deseos
y el amor de Helen es una araña
que con sus patas peludas me anda por la cara,
la soledad es una fiesta
en que sombras brindan con mis sombras por mis sombras,
y los amigos son los cómplices
del asesinato de mi perro, de mi gato.
A la luz de las copas obesas
mi máquina de escribir es un piano
que algún día tocaré como un ruso
y mi sonrisa es de calavera ebria
que de mí se burla en los espejos,
 la copa es un océano con una tormenta
adentro
y la luz es una puta con una cuchilla
en cada mano,
la calle es un teatro en que la vida representa
escenas fugaces, elegantes, tan felices,
y el cariño de mi hermano Wick es un murciélago
que se emborracha con mi propia sangre.
                  
A la sombría sobriedad
Brahms, Beethoven, Bach son tinieblas sordas
y la vergüenza la amante más complaciente.
A la luz negra de la sobriedad
el sexo es una zarza que arde ciega
y el miedo es mi padre, mi jefe, mi amo,
la hora un desierto de cien minutos de arena
y la humillación mi abnegada madre.
Al cristal del vaso enfermo, vacío,
el beso de Helen es baba de caracol
y el fracaso un amigo que invita a la próxima,
las tragedias de Shakespeare son rezos de viejas,
la sed la visita de una mendiga por hora.
A la sombra blanca de mi abstinencia
el dinero es agua, el agua veneno
y la casa de empeños una amiga judía
en Yom Kippur, el día del tormento, el sufrimiento,
el suicidio es un buen amigo que te presenta
a alguna de sus amigas, tan rápidas,
la navaja o la pistola,
pero sabes que con un trago
los cláxones sonarán a primeros violines
de la Orquesta Filarmónica de Nueva York.

Al claroscuro de mi prosa
la página en blanco será una botella llena,
y mi primera y única frase
la vida de un pobre hombre
colgado del cuello de una botella.



lunes, 30 de abril de 2018

NEVER ON SUNDAY


                    Resultado de imagen de never on sunday melina mercouri


Sí, Illia, muñeca del Pireo,
la de piernas dóricas y figura de ánfora,
la de hojas de acanto en el sexo
y tímpano en el pecho,
Illia, la de corazón de paloma,
Illia, templo de oro sin techo al sol,
la única puta feliz,
tú, que pareces un mar vestido de mujer
y cuentas historias tristes a los marineros,
mujer solar,
gracia de Grecia,
la novia del amor,
sí, Illia, tú que cantas como el sol,
como las gaviotas o las estrellas de la aurora,
tan esclava como la brisa
como las golondrinas,
como ellas no tienes que aprender a cantar,
sí, rubia sin rubor y con pasiones rubíes,
el sol te abraza, la brisa te besa,
tú, inmune a los dracmas y a los dramas,
sirena de Atenas, aliada de la alegría,
cómplice del placer,
puta pura, Illia, la puta puritana,
sí, Illia, joven como el mar,
tus sentidos son cinco bellos príncipes
que te donan la gloria de la vida,
sí, Illia,
dime que sí.

  

lunes, 19 de marzo de 2018

UMBERTO D.



                  Resultado de imagen de umberto d film

Hermana Soledad,
a la fuerza me acojo a tus brazos yertos, a tu hábito áspero,
a tu seno blanco y ciego de monja con la piel de cera,
siempre tan fría desgranando el rosario de mis penas,
con la tristeza tan bien plisada en tu falda almidonada,
porque eres rigurosa con tu silencio de clausura,
solo generosa con los huérfanos y los ermitaños,
con los borrachos y los poetas, con los enamorados,
pero no te queremos los pobres y los ancianos, los desesperados.
Permíteme que me presente, por desgracia nuestro trato será frecuente:
Me llamo Umberto Domenico Ferrari, natural de Ferrara,
hijo de Exposito y María Dolorosa,
tengo sesenta y cinco años en estos tiempos tan jóvenes, tan crueles,
no debería decírtelo porque así vendrás a diario,
con tu cara demacrada, Hermana Soledad, y esa cofia sudada,
pero vivo en el trece de San Martino de la Batalla, tercero,
altura que solo asegura el éxito de la caída al paso del tranvía,
soy funcionario jubilado del Ministerio de Obras Públicas,
lo digo por si te hago falta para el papeleo,
aunque para presentarte no necesitas ningún formulario,
eres sumaria, expeditiva, a covachas y palacios tienes paso expedito,
éste es Flike, mi perro, un ratonero, tu peor enemigo,
ya se sabe que no admites perros en tu presencia, les tienes alergia
porque te ignoran y con su alegría contagiosa rompen tu cerco,
en cambio te gusta María, la muchacha de la casa,
te entiendes bien con los adolescentes y con las solteras embarazadas
y cada noche la visitas entre las sábanas, su crisálida de soñadora.
No tengo familia ni existen los amigos en el invierno,
solo ex colegas que me rehúyen: husmean la vergüenza de mi pobreza,
así que vengo a tu encuentro llamándote por tu nombre,
Hermana Soledad, mi piel vistes como la fría fiebre,
ya me conformo con tu consuelo triste y gratuito,
no puedo permitirme una compañía más cara,
con mi pensión no alcanzo ni a alimentar al perro
y con mi presupuesto me desequilibro al abismo del desahucio,
al menos si viviera en un quinto el suicidio sería seguro,
eres mi último recurso, mujer pálida y descarnada,
me recuerdas a una prostituta vieja que cojea por un parque bajo la lluvia,
tienes los ojos de polvo y los pechos manchados de mala sombra,
como pieles de lagarto tus besos cuelgan al sol nublado,
tus caricias son heridas abiertas con sal en carne viva,
pero también eres propensa a ser imaginada como no eres,
recreada, idealizada, sublimada por alguna fantasía compensatoria,
con el maquillaje lunar puedes resultar tersa, con una paz estirada,
la mujer ideal que nunca he encontrado porque solo es un fantasma,
Hermana Soledad, siempre tan paciente, tan pocas veces dulce,
avanza a tu encuentro quien todo lo pierde,
tu tristeza pulula como el camino de hormigas de la cocina,
si al menos me compraras este reloj, te lo dejo por tres mil liras,
a mí ya me sobra el tiempo, vivo de prestado, ojalá de balde,
eres la reina de la gran ciudad, cómo evitarte a mi edad,
soledad, hermana de la desolación, alcahueta de la muerte bella,
con la coartada de la meditación, de tu sicario el pensamiento,
con la excusa de hacer inventario de la vida, del recuerdo,
me infiltras en el ánimo la humedad viscosa de la pena,
por tu culpa como un grillete el hastío se apodera de mis gestos,
se me estanca con bacterias de cieno en la boca del estómago,
viaja conmigo en un vagón desvencijado por las cloacas, en el subsuelo,
y como los grumos de un charco salpica de mis pasos enfermos,
déjame ir por hoy, estás vacía y podrida por dentro, pero me pesas
como si todos mis años me colgaran de la espalda,
en tu silencio oigo rumores de los preparativos de un viaje muy largo.









lunes, 26 de febrero de 2018

MISIÓN DE AUDACES




                  Resultado de imagen de the horse soldiers

Metílico sobre etílico, alcohol sobre alcohol,
vahos sobre el espejo y las botellas del bar, suspiros en el terciopelo,
alientos en los vidrios, vapores de recuerdos volatilizados,
espectros de seres queridos invocados por los agonizantes,
porque los delirantes no están borrachos sino heridos de muerte
en este hotel de New Station acondicionado como hospital de campaña
donde vendas se han hecho las banderas y gemidos los himnos,
donde como un recepcionista la muerte a cada herido reparte su llave,
donde como un botones Caronte acepta una moneda por cada bagaje,
en el ataúd de la barra el coronel Marlowe abre el bar y bebe y bebe y bebe
whisky de metralla madura y resplandores de fuego,
de centeno abonado por el sustrato de los recuerdos de los caídos,
un whisky en el que se destila su desesperación de constructor destructivo,
en un vaso donde hierve la tormenta, envenenado de la amargura
de tener que reventar el ferrocarril confederado él, un ferroviario,
bebe un whisky en el que se diluye la sangre que no quería derramar,
que no tendría que haber vertido en el polvo brillante de estandartes,
que no tendría que haber exprimido de la rosa de tantos cadáveres
si con la suicida osadía del Sur, con su dignidad temeraria, el manco Miles
por telégrafo no hubiera llamado al matadero al rebaño de rebeldes.
Bebe y bebe Marlowe, de aventurero nombre conradiano,
ha prohibido las canciones y las risas, los vítores y las fanfarronadas:
hay victorias que salen demasiado caras
y en el ambiente pesan la culpa y el dolor del vencedor.
¿Dónde estará su esposa en la que ahora piensa?
¿Por qué la recuerda ahora que la muerte ha ganado la carrera?
No es ella esta sureña con la piel de miel y el sol en el pelo,
con lava en los labios y los ojos como lagos de hielo.
Si ella no hubiera muerto hace veinte años
habría culpado al doctor Kendall, heredero de aquellos matasanos.
En el bar recién abierto del hotel de New Station
donde como un viajante bregado la muerte se ríe de los jóvenes,
donde como un enterrador el camarero reparte gotas de consuelo,
donde como una puta la gangrena se lleva a muchos al piso de arriba,
el coronel Marlowe bebe, bebe, bebe
whisky donde se concentran los crepúsculos de estos cinco días de marcha
desde La Grange a través de quinientos kilómetros de terreno enemigo,
después de huir adelante y de avanzar retrocediendo,
bebe sin saborear un whisky macerado en tiempos de paz y contento,
pero en el que se condensan las heridas y penalidades de esta guerra,
y en las olas del vaso observa el naufragio de su amor en el tiempo,
ve cómo se aleja a la deriva hacia el cadáver tendido del horizonte,
cómo se hunde joven y valiente por siempre, por nada desmentido.
Los raíles que sus hombres destruyen, la locomotora que descarrila,
lo saludan con tracas y salvas de despedida, explotan,
un colega clavó las vías y traviesas que ahora estallan,
se siente autodestructivo como un novelista quemando su novela.
¿Dónde está su esposa en la que piensa? Ya casi podría ser su hija:
al menos no envejece cincelada en el medallón del recuerdo.
Si ella no hubiera muerto hace veinte años
habría culpado al doctor Kendall, idéntico a los cirujanos
que inconcebiblemente la abrieron y rayaron el diamante de su cuerpo
con una pinza de cangrejo en busca de un tumor invisible.
No, ella no es esta rubia en cuyo silencio se hunde la lápida de su padre,
en cuyas lágrimas también navega el recuerdo de un hombre alto,
otra sombra que como la esposa de Marlowe
surca el espejo del bar de este hotel de New Station
donde paciente como una camarera la muerte hace la cama de cada cliente,
donde como una madame la septicemia cobra cada alivio por anticipado,
no, su esposa no es ella, pero si el odio lo cegara menos,
si no llamara a los médicos tahúres, jugadores con suertes y vidas ajenas,
quizá su aura de topacio, su luz de alba de primavera,
quizá su silencio de espejo, su cansancio, le habrían recordado a ella:
una como un rizo de humo y la otra encarnada, sus dos esposas en el tiempo
callan junto a Marlowe en esta barra parecida a un catafalco.