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lunes, 19 de mayo de 2014

MYSTIC RIVER


                  

Hijo mío, había una vez un niño al que dos lobos convirtieron en lobo,
sí, este cuento como todos los de niños también es de miedo,
y al morderle la vena de la pureza le transfundieron la sangre de lobo
y el niño quedó abominado bajo la maldición de ser otro lobo,
y hay un hombre que las noches de luna se convierte en aquel niño lobo,
que en el bosque de la noche, en un silencio de lobos, se vuelve astuto,
con dos luciérnagas por ojos y una navaja en cada pezuña,
y luego el hombre se despierta con las manos bañadas en sangre de lobo,
con puñados de pelos de lobos que en sus correrías sin hambre ha devorado.
Es un hombre que ciertas noches se convierte en un lobo para los lobos,
cuando recuerda que nunca fue un niño o un cachorro como los demás,
que allá donde estuviera se sentía como un huérfano sin nombre.


Al principio el hombre que se convirtió en niño lobo fue un niño como tú
que justo habitaba esta calle, donde ahora vivimos con tu madre,
y la misma alcantarilla aún engulle como un lobo las bolas de hockey,
y evolucionados autos se llevan los mismos sueños de renovados vagos,
y en las cabinas y las máquinas habrá millones de dólares en monedas
y en todas las ilusiones perdidas de generaciones de jóvenes frustrados
que como desdentados lobos a Caperucitas ven pasar las oportunidades.
Allí fue donde ese borracho de lengua incomprensible llamado destino
me eligió a mí en lugar de a Jimmy o Sean, el empresario y el policía,
como el niño al que los hombres lobo secuestrarían y encerrarían
para desollarme la piel de la inocencia y trizarme la entraña,
clavarme los gritos en el suelo y aherrojarme en las tinieblas del miedo,
cada vez que entraban en el sótano portaban como un arma la noche consigo,
el dolor era tan rojo y tan negra la esperanza de que nadie me rescatara,
que tuve que imaginar que era otro el niño al que habían secuestrado,
acaso Jimmy, el valiente que grababa su nombre en todas partes,
o tal vez Sean, que se preocupaba de que se cumplieran las reglas de juego,
y las fauces de aquellos dos lobos me inocularon esta maldición de lobo,
porque hijo, si no te hubieras dormido sabrías que yo soy el hombre
que se convierte en niño lobo y se despierta con sabor a carne de lobo.
Al escapar me prometí ser un niño lobo que se vengara de los hombres lobo.


Hijo, por suerte no me escuchas, también yo tengo que dormir
y olvidando mi papel de solitario niño lobo volver a ser tu padre,
dejar de correr a paso de lobo y de aullar a culpables lunas,
y amnésico de este espanto volver a ser el marido de tu madre,
porque ahora cada vez que me acerco a ella husmeo el olor del miedo,
no lo recuerdo bien pero como niño lobo hace poco devoré a mi último lobo,
desperté con un corte en la mano y bautizado en lágrimas y sangre de lobo,
justo la noche en que otro hombre lobo devoró a Katie, la hija de Jimmy.
Cuando padre e hija se miraban en una fiesta era una fiesta de dos invitados,
parecían los dos últimos creyentes en un dios olvidado,
los únicos presos de una cárcel, dos astronautas en el espacio,
y ahora que han rastreado las huellas falsas del lobo que la desgarró
confunden al hombre lobo con el niño lobo y creen que la devoré yo,
todos me creen culpable, Sean, Jimmy, los amigos, hasta tu madre,
y eso es porque aquellos dos primeros lobos me corrompieron la sangre
y ahora en mi rastro todos reconocen el hedor y el hambre de lobo,
pero no saben que aunque me contagiaron la sed de sangre, solo derramo
la sangre de los lobos que beben la blanca sangre de los corderos,
no saben que soy un lobo que solo es lobo para los lobos
que convierten a los niños en niños lobo
que ya no volverán a tener bolas, monedas o ilusiones que perder.         

  

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