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lunes, 6 de julio de 2015

EL HOMBRE DEL BRAZO DE ORO



                 

Ayer, al sol de la libertad, el jazz me recordó a ti,
su ritmo, su apoteosis, el éxtasis,
la batería que como el caballo galopa en mi sangre,
me recordaron a ti,
cuando aún creía que el brazo me serviría para algo más que pincharme,
la luz y el aire, los neones y el frenesí me recordaron a ti,
Zosch, mi esposa, me recordó a ti,
su belleza histérica, su dependencia, su insistencia neurótica,
la culpa que como el mono ella me carga a la espalda,
la urgencia del silbato con que conjura a los fantasmas de su impotencia,
el hielo en llamas de su mano, la rabia de su pelo amarillo,
su cuerpo reacio a todo amor que no sea el de su silla de ruedas,
todo me recordó a ti, a tu éxtasis,
diosa blanca de pupilas voraces y dedos crueles,
ayer, cuando aún creía que mi brazo servía para algo mejor que dar cartas
como quien da la vida,
los pordioseros y los borrachos, las putas y los perros,
la suma del hambre y de la sed, del amor y la soledad,
de los dolores y los placeres, de la parálisis y del frenesí,
todo me recordaba a ti,
a tu apoteosis, a tu éxtasis,
hada alba hacedora de magia negra, mi hechicera,
la más valiente, que en la sangre transmutas el caos en orden,
todo me recordaba a tu belleza y tus proezas, a tu fuerza y tu tristeza,
pero también a tus mentiras de farsante y falsificadora,
y clamé por ti, te llamé con una súplica y quinientos insultos,
supliqué por ti y solo me respondieron la burla de un maullido
y los aullidos de una sirena, y ladridos,
y cuando apareciste fue para empalarme la esperanza en un semáforo,
para ahorcarme en una farola con el nudo corredizo de una corbata de seda,
para vaciarme con una aguja hipodérmica los ojos miopes de las ilusiones,
siempre traicionas tu palabra, me prometes lo imposible:
unas manos sabias como las de un escultor barroco
(soy diestro en el póker, me pincho en el brazo siniestro),
una orquesta de pájaros que al crepúsculo me acompañe la batería solista
(sus percusiones como el caballo me baten en la sangre),
unas baquetas que toquen como varitas mágicas,
y como a un niño pobre volviste a defraudarme,
de la decepción a tus halagos y de tus promesas al desengaño,
siempre recaigo en los tallos de tus brazos tersos y yertos,
en tu seno de orquídea que se yergue como una cobra o un muerto,
en tus garantías de prostituta en oferta
que después de cobrar se cierra como algunas flores bajo la lluvia,
en tus juramentos de que me darás siete placeres en una noche,
de que me bailarás desnuda la danza de la muerte,
de que me inspirarás la alegría de un agonizante,
y volví contigo, bruja blanca, y me deparaste lo de siempre:
lágrimas y sed, sudores y temblores, sangre y ganas de verte,
eres irresistible, bella como un brazalete, punzante como un estilete,
la pobre Zosch me advirtió contra ti demasiado tarde,
cuando ya sabía que mi brazo solo me serviría para drogarme
y ya me habías robado la luz y el aire, el día y la sangre,
y cada día el miedo que te tengo llega como el deseo, impuntual pero seguro
como un camello, amor mío, o algún mal amigo,
como un cobrador cada vez más duro y fiero,
anoche, maldita, Molly me recordó a ti,
cuando aún creía que me amputaría el brazo antes de volver a probarte,
y como un caballo la batería me percutía en la sangre,
la mujer que quiero me recordó a ti, mi dosis,
heroína,
a tu frenesí, a tu apoteosis, a tu éxtasis.  


                     

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