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miércoles, 22 de enero de 2014

DE ERROL FLYNN A SU OLIVIA DE HAVILLAND


                   

Cede como una princesa a tu capricho, Olivia,
obedece al mandato de tus sentidos y ábreme,
que los camarotes de mi velero por control remoto detectan
mi deseo y se abren, la misma puerta ansía que la penetre
y hasta los goznes chirriarán de placer por la cercanía de mi tacto,
abre, que ahora mismo podría tocar el piano sin manos,
y después de formar una pareja ideal en ocho películas
no podemos contrariar a la ficción ni decepcionar al público,
después de alucinar a los fotógrafos con los halos que nos envolvían
en la misma onda de luz y con las chispas que saltaban al rozarnos,
¿quién va a creer que no hemos cobijado la cría de ningún sentimiento,
que en ningún campo de plumas nos ha despeinado el viento del amor?
¿Serán en vano tanto devaneo, tanto desvanecerte en mis brazos?
Ábreme Olivia, ábrete, sé que me amas aunque odias mis aventuras,
y no me refiero a las de piratas, soldados, indios, forajidos,
abre, que hasta a las más estrechas puertas enamoro para que se me abran
y dejen patente mi deseo y expedito el paso para consumarlo,
pero que conste que Betty, Peggy, Cathy, me acusaron en falso
de estúpidos estupros, porque de por sí en mi barco las vírgenes resbalan
en la pulida cubierta y por el puente se deslizan entre jarcias y vergas,
abre, que por ti me olvidaré del whisky viejo y de las mujeres jóvenes
aprovecha ahora que podría tocar el piano con once dedos,
y a la vista de mi tercer pulgar hasta el umbral quiere que lo traspase.
Olivia, soy un héroe que ha blandido fálicas espadas y cabalgado yeguas,
rendido fuertes y abierto brechas en bastiones y baluartes,
un atleta que en pistas de plumas ha practicado su gimnasia favorita,
un galán, donjuán o truhán que ha dejado una estela de maridos engañados
y miradas satisfechas, de opio y vapores alcohólicos, de envidia y duelos,
todo lo he logrado pero sin ti no habré hecho nada, abre
si quieres tener un sueño dentro del sueño de tu vida,
un sueño erótico concéntrico al sueño de ser Olivia de Havilland,
del que solo despiertas para encarnar a tus heroínas,
abre, porque si no lo haces me dejarás como un farsante:
¿Qué dama me ha nunca rechazado? Abre y déjame luego
si no quieres encasillarte en el papel de la perenne amante pasiva
de un valiente que acorrala al miedo, que escala murallas, salta fosos,
derriba portones. ¿Se me resistirá la única fortaleza que anhelo?
La madera de la puerta se estremece, las vetas se ondulan,
se agita su manubrio, quiere la puerta correrse como compuerta
que me muestre su íntimo, arcano secreto tapizado de terciopelo.
No encrespes la calma ni enturbies la transparencia de tus aguas
y unamos tu corazón de algodón y el mío de carbón,
mi Lady Marian, tengo el arco tenso con la flecha exacta
del amor, abre, no defraudemos a los millones de espectadores
que nos creen una pareja de ensueño ni a los que dentro de mucho
te preguntarán si al final me has abierto esta pesada puerta
porque de todos modos nadie te creerá aunque digas que no abriste,
abre, que ahora podría tocar el piano sin manos o con once dedos
y ni una nota falsa extraerá de tu caja de música mi infalible falo.
 
  

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