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lunes, 8 de septiembre de 2014

GRETA Y MARLENE


                  

Cómo voy a olvidarla si es todo el amor que guardan mis ojos,
cómo si me ha enseñado en la cama más que Stiller ante la cámara,
cómo si su cuerpo se ha tallado en la memoria de mis manos,
cómo voy a olvidar a Marlene
si como una maestra ha pulido las aristas de mi estilo
y afinado las cuerdas de mis placeres,
cómo si me ha sembrado la sonrisa entre las piernas,
cómo si cada tarde vengo a este cuarto de Alexanderplatz,
el museo de mi amor, su catafalco,
pero también el escenario donde triunfó como un bello actor,
mi pobre amor de solo diecinueve años,
aquí donde cada tarde vengo de luto a velar mi amor por Marlene
y he orlado su cadáver con una guirnalda de nardos negros,
cómo voy a olvidar mi amor
si ya que he prohibido a la patrona que toque nada
yo misma limpio el polvo del olvido,
cómo si veo su media que como una piel de serpiente aún yace en el suelo,
los papeles verdes de sus caramelos de menta
y las colillas de los mentolados en el cenicero,
en el cristal biselado de la mesita un chicle
que como mi cuello ostenta la señal de sus dientes
y tuvo como mi lengua la suerte de explorar la cueva de su boca,
de empaparse en su saliva,
cómo voy a olvidarla si me embriaga su carnosa estela de jazmines,
la esencia que aún embalsama este aire
igual que la de los muertos durante años sobrevive en sus roperos,
este perfume suyo que trae ráfagas de su encanto,
la última sombra de Marlene que como un fantasma se desvanece
y cualquier tarde se disolverá de este cuarto de Alexanderplatz.


Cómo voy a olvidarla si aprendo pronto mis papeles de amante,
cómo si no aliso la almohada ni la sábana de esta cama
que es su catafalco
para que no desaparezcan el molde de nuestras cabezas reunidas
ni el hueco de nuestros cuerpos enroscados,
cómo si cada tarde vengo a velar mi joven amor muerto,
amortajado con un sudario manchado de tristeza
y de la virginidad de mi pobre amor traspasado por la muerte,
cómo voy a olvidarla si espero aquí a que anochezca,
viuda de mi vida,
pero con la esperanza de que mi amor resucite
y un portazo dé paso a su figura que vestida de hombre
traiga el sol y el viento de abril en Berlín,
la primavera de muerte de esta ciudad maldita y feliz,
cómo olvidar a Marlene si al cerrar los ojos
la veo fulgurar desnuda como la estatua del jardín del placer
contra el ocaso de la república de Weimar,
o ejecutar en El Ratón Blanco, cabaret de lesbianas,
aquel tango que parecía una danza de la muerte,
un baile nupcial que descalabró la sala y mi cordura
en un terremoto de pánico y pasión.

Cómo voy a olvidarla si temo perder el dolor de recordarla
y mi amor no se devalúa al ritmo del marco,
cómo si no quiero desprenderme de la hiedra de sus abrazos,
si temo que muera esta semana y nazca el día
en que zarpe el barco de Nueva York
y entre en vigor mi contrato con la Metro,
y expire el alquiler y la patrona irrumpa a profanar este templo
y otra pareja usurpe esta cama,
ojalá sean al menos otras dos mujeres,
a ser posible
una joven ingenua y la otra ya madre y lasciva,
cómo olvidarla si me ha enseñado que la herida de entre las piernas
solo se cauteriza con más fuego,
y gracias a mi voz turbia o a que mi madre era costurera
me ha nombrado reina del que llama su club de costura,
el serrallo de doncellas que entre ellas se consuelan
y no permiten que ningún hombre corrompa la flor de sus pieles,
cómo voy a olvidarla si me ha derretido el hielo de la máscara,
si de lúbrica osadía ha travestido mi ñoñez y mi timidez,
si me ha enseñado a amamantar a sus serpientes,
cómo voy a olvidarla con el alcohol ni en otros cuerpos, si no bebo
ni puedo sorprender mi lujuria en otra cama
que no sea ésta del cuarto de Alexanderplatz
donde cada tarde vengo tras el rodaje de Bajo la Máscara del Placer.

Cómo voy a olvidar a mi ama y a mi esclava,
si me ha arrebatado el miedo
y hasta el respeto por mí misma,
cómo olvidar a Marlene si lo es todo,
buena y mala,
rubia y morena,
exquisita y abyecta,
cómo si ha sido mi maestra de vicios,
la rectora de mis desvíos y extravíos,
la que me ha descubierto el reverso del amor,
el amor inverso, perverso,
no sé si odiarte Marlene, pero cómo olvidarte,
cómo olvidar a Marlene
si me ha enseñado a mirarme al fondo de un pozo
hasta que el reflejo de su rostro sube por el túnel para besarme,
si me ha prendado como a los espectadores de Gösta Berling
(si ella tuviera a un Stiller que la matara de hambre
y le llenara la boca de alambres, se convertiría en una estrella),
cómo olvidarla si ella sola convierte la vida en un cabaret perpetuo
y actúa en este teatro de la muerte, la babilónica Berlín,
carnaval de cadáveres, bacanal sin fin,
decorado de orgía que está a punto de desplomarse
en la agonía del orgasmo conjunto de un millón de viciosos,
cómo olvidarte Marlene, ama de la alegría desesperada,
princesa de esta ciudad eufórica cercada por la peste,
donde ya rechinan los huesos del esqueleto
en que se descarnará el bello cadáver de mi amor por ti,
que sigo velando sola como en el entierro de una prostituta,
cómo olvidarte si me embadurnaste la dulzura con gemidos de morfina,
madre a tus veinticuatro de una niñita y de todos mis vicios,
si como una mala maestra me escandalizaste la piel
y como una hermana mayor incestuosa
bajo los aullidos de la luna me sedujiste los huesos con tu carne,
cómo si me emplumaste la inocencia con plumas de pavorreal
y publicaste en las plazas que mis pezones eran como rosetones
y enorme el pétalo único sobre los labios de mi rosa,
cómo olvidarte maldito amor bendito.

  

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