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sábado, 24 de octubre de 2015

MARNIE LA LADRONA



                 

Después de los truenos del miedo, de las tenazas de la culpa,
de que como una perra temieras la llegada de cada tormenta
y odiaras los relámpagos del placer, el rojo pasión, los besos azules, Marnie,
después de tantas pesadillas larvadas en la lápida de tu soledad,
y de que como fetiches amaras llaves y cajas fuertes, claves y cajones,
cerraduras y combinaciones, gavetas y consignas, clavijas, secreteres,
después de tantas mutaciones de nombre y de pasado, de carácter y peinado,
como una frígida prostituta que se maquillara la mente para cada cliente,
Marnie, querida impostora, bella ladrona, la mejor embustera,
después de que con cada robo te vengaras de los hombres, sucios pagadores,
después de ser la esclava que acataba las vergüenzas de tu madre,
después de que sublimaras tu represión en la pasión por un caballo,
después de haberme robado a mí,
ahora, Marnie, soy el responsable de ti,
me han deslumbrado la luz de luna que brilla en tu silencio,
el resplandor de tu voz, el fulgor de tu visión,
soy un cazador cazado, un entomólogo por los alfileres de tus ojos clavado,
zoólogo disecado por un animal salvaje de rara de especie, mantis-Marnie,
ya no es curiosidad al sol sino el viento del amor, soledad si no estás tú,
ahora soy yo o la policía: Marnie, eres mía,
ya mi esposa, maniatada a mí, no podrás robarte de lo tuyo, a ti misma,
amordazaré tus miedos, te liberaré a la fuerza, te ataré a la libertad,
te negaré para afirmarte, te anularé para recrearte, te mataré a felicidad,
desentrañaré tu clave, desvelaré el código de tu conducta, 
como una caja de caudales abriré el secreto de tu cerebro,
descubriré el doble fondo de tu propósito,
descifraré tus enigmas y seré el primero en tentar de tu bolso o monedero,
de tu tesoro,
el forro íntimo acolchado de seda y terciopelo.

Hubo una madre barata, una niña mayor, un marinero atroz
al que has soñado que matabas con un atizador,
y cada noche aún llama para manchar con su sangre el olor del calor
y de espliego de tus sábanas y de tu madre
que aún te guarda odio por ser testigo de su oprobio,
hubo un marinero atroz y hay un sincero manipulador, un mentiroso mentor,
un noble violador,
yo,
lo reconozco fluyendo en el río del sueño,
en lo profundo oscuro del lecho, entre monstruos y helechos,
al fondo de la corriente de lo no-enunciado, lo hurtado a lo dicho,
yo, un fetichista fascinado por una ladrona que no me deja tocarla,
un analista en fase anal que sufre un patológico instinto de posesión,
no de protección,
el inventor de la terapia como vampirización, dominación,
el viejo maestro de toda la vida, que se aprovecha de su pupila desvalida.

Los gladiolos desangrados en las sábanas vírgenes,
los truenos del miedo de una niña
las voces sanguinolentas del marinero que llama.
No hay miedo tan fiero como el de los poetas y las niñas,
el de los enamorados.
Me precipito por una grieta que surca el hielo de tu cuerpo
y crece exacto como el corte de un bisturí, ahora una cicatriz:
nos curaremos uno al otro, Marnie, del otro cada uno espejo feliz.



2 comentarios:

  1. No es de los mejores Hitchcock, pero se ve. Un final feliz falso, como Sospecha.

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  2. Soy más generoso que tú con ella, está rodada en su mejor época, tiene su típica poesía en imágenes (aunque con la chapuza de las transparencias) y aún cuenta con el gran Herrmann.

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