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sábado, 31 de octubre de 2015

ODA ODIOSA A JOSEPH McCARTHY


                  

Joe, león de Wisconsin, campeón de la sospecha,
Bella Bestia, cazador de brujas, lobo feroz,
implacable Ahab perseguidor
de la Ballena Roja, del Mal,
heredero de los pioneros, pasajero de veleros e históricos barcos, el Pequod,
el Mayflower, el Maine, o aquellos de Boston cargados de té,
sucesor de los puros y puritanos que purificaron a las brujas de Salem,
seguidor de la doctrina de Monroe (no la paloma pechugona de falsa plata):
“América para los americanos”,
honor a ti, Gran Inquisidor,
flagelo de envenenadores de sueños y alcahuetes de la fantasía
que travisten las ilusiones con las lentejuelas de la lujuria y la utopía,
destructor de la nueva Gomorra y capital de la gonorrea, Hollywood,
libéranos de Charlot, de E.G. Robinson, de Robin Hood,
de quienes licuan en poluciones las oraciones de nuestros hijos,
y deforman en pesadillas sexuales los sueños de nuestras hijas,
de quienes en el vaho dibujan demonios en las ventanas de sus dormitorios,
y con nieve negra modelan muñecos que se acoplan,
Joe, guardián de los fetiches de nuestros ideales, de nuestros altares,
rey-sacerdote de la Cruzada estadounidense, santo de los senadores,
ángel exterminador de los saboteadores, de los traidores,
acúsalos en el comité con el relámpago de tu índice,
con sangre marca sus umbrales
o mejor sus desfatachadas fachadas encala de males,
que cada mañana la noche penetre en sus mansiones,
que en sus salones ladre el viento que trae las enfermedades,
que de sus dinteles cuelguen como cerdos sus sombras destazadas,
apúntalos con sus propias cámaras, desde los micrófonos insúltalos,
trábalos entre los cables y las redes de un circo mediático y romano,
confúndelos con subcomisiones, investigaciones, inquisiciones,
véndeles un saldo de absoluciones a cambio del tesoro de las delaciones,
siembra en sus jardines la cizaña de la desconfianza,
libera en sus piscinas el miedo, una camada de serpientes,
que la hiena de la paranoia ría en los altavoces de las declaraciones
y en la opinión pública apesten sus cadáveres bajo los buitres de la prensa.
Joe, custodio de nuestras costumbres, medidor de lealtades,
juez de nuestra parte, impostor ante los impostores,
contra los falsos urdidor de falsedades,
infiltrador de males a los infiltrados,
escarnecedor interrogador,
como un cigarro prende la antorcha del Ku-Kux-Klan
(la preferimos a la de la Estatua de la Libertad)
antes de que la Guerra Fría empiece a abrasarnos a todos,
libéranos de la Quinta Enmienda y de la Primera,
mejor que cada uno se acuse a sí mismo de comunismo,
libéranos de Bacall y Bogart, de John Garfield, de Bertold Brecht
(preferimos a Ben Hetch),
libéranos de Dalton Trumbo (preferimos a Dumbo),
de esos pervertidos que envenenan los guiones con doble sentido,
de esos íncubos que humedecen los sueños de nuestros hijos,
de esos súcubos que reptan en el inconsciente colectivo,
Joe, gloria a ti, el mejor perseguidor,
llama a declarar a Jefferson, Lincoln, Washington,
como testigos amistosos o si hace falta forzosos,
que la Constitución pierda jurisdicción,
desenmascara o mejor descarna a los impostores, que se les vea la calavera,
párteles los huesos con las barras como espadas de la bandera,
cláveles las estrellas en los ojos y que no mueran hasta la de Hawai,
llévales la ruina a casa como una carta certificada,
regálales una manzana con el gusano de la discordia,
róbales la espiga y la flor, el fruto y la hoz (y busca el martillo),
que cada tarde los visite la angustia para jugar un solitario,
que en sus casas gobierne la esquizofrenia como una ama de llaves ebria,
que cada palabra que piensen se borre del desierto de sus mentes,
que cada imagen que fabriquen se desvanezca como un espejismo,
que sus máquinas de escribir se vuelvan mudas como tortugas,
y Joe, sobre todo no te olvides de nadie,
que los Diez de Hollywood sean diez mil,
como un verdugo márcalos a todos con una letra roja,
apúntalos uno a uno, hacia la derecha hasta llegar al centro,
y si hace falta avanza un poco de nuestro lado,
y con sangre apúntalos a todos en tu lista negra.
             

            

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