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sábado, 28 de diciembre de 2013

EL GORDO Y EL FLACO


                                                  

Porque hasta vuestras ideas han perdido la belleza que da la esperanza,
porque Oliver hizo que se caía del taburete y ningún borracho se rió,
porque Stan confunde vuestras primeras películas con sus pesadillas,
porque Oliver ha adelgazado y Stan ha engordado,
porque los historiadores del cine os buscan en los laberintos del cementerio,
porque sois la más famosa pareja que todo el mundo ha olvidado,
porque os han traído una colecta de aplausos y la habéis rechazado,
porque Stan tiene diabetes y el corazón de Oliver es un reloj averiado,
porque Stan ya nunca pone chinchetas en el asiento de Oliver,
porque las fieras de vuestra imaginación están domesticadas,
porque vuestras sonrisas son dentaduras perdidas en una borrachera,
porque la araña de la envidia a Chaplin camina por vuestro despacho,
porque vuestros días son circulares, porque estáis disecados,
sabéis que el teléfono nunca despertará de su silencio estrepitoso,
y que la puerta del despacho donde lleváis veinte años aguardando
no dará paso a ningún agente que os ofrezca la cláusula de la ilusión
y el cheque en blanco de la libertad creativa a cambio de vuestro genio,
de un talento del absurdo que no acalló la catarata del cine sonoro,
de vuestro humor visual y verbal, fábrica de carcajadas,
del hilo argumental que ensartaba las gemas de vuestros gags:
os gustaría contratar a una médium, un detective o un psicólogo de masas
que descubriesen que las risas del público caducaron porque os burlabais
de la policía, de la moral, de las costumbres, de la propiedad privada,
y que debajo de los aplausos silbaba la serpiente del odio,
y también contratar a un periodista que publicase en primera plana
que estáis enterrados bajo telegramas de cariño y no facturas sin pagar.


Stan eres un fideo desaliñado y Oliver un elefante que baila claqué,
Stan pareces un viejo rejuvenecido y Oliver un bebé muy crecido,
Stan tienes acento inglés y Oliver sureño de Georgia,
Stan tus ojos son de ceniza y Oliver los tuyos de fuego,
Stan vienes de una familia de cómicos y Oliver de fortuna,
pero sois gemelos en inocencia y alegría, ternura y ridículo,
británicos en los bombines y en la cortesía, caballeros de la catástrofe,
aún felices vuestra valentía ha sobrevivido al desastre
y la paloma de vuestra amistad sobrevuela la ruina,
y seguís como siameses en el exilio del frío y del olvido
y en el moho de esta oficina donde la primera vez que suene el teléfono
dará voz a la sombra sin cuerpo que solo los suicidas oyen alegres,
pero entonces Stan astillará la silla de Oliver
y Oliver explotará la máquina de escribir de Stan
y Stan reventará a martillazos la mesa de Oliver
y Oliver desventrará los cajones de Stan
y Stan chasqueará los dedos para encenderse un cigarrillo de Oliver
y al imitarlo Oliver se quemará los dedos y prenderá los guiones de Stan
y el despacho todo bailará a las llamas de vuestro último gag
para recibir a quien solo merece una risa de escarnio.  

         

2 comentarios:

  1. Jamás los he olvidado.
    Siempre sigo riéndome.
    Jamás los veré como a extraños.
    Siempre los buscaré en mi memoria.
    ¡Grandes!

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    Respuestas
    1. Desde luego que El Gordo y El Flaco siempre serán nuestros compatriotas: vivieron en el país de nuestra infancia.

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