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jueves, 13 de marzo de 2014

LA LEY DEL SILENCIO



                 

Ella tiene razón, Charley, he estado ciego, pero ya puedo ver
porque el amor de ella me ilumina la conciencia con una flor de fuego,
y veo los perros blancos del miedo tiritando entre los hierros de los muelles,
a los asesinos pálidos amaestrando a sus halcones a golpe de silbato,
el sudario de sudor y silencio que amortaja a los estibadores,
las lenguas que cuelgan de un gancho en las pesadillas de los delatores,
todo me lo muestra ella como un faro con una antorcha de pétalos,
una llama blanca que ni siquiera han apagado las lágrimas por su hermano:
su amor es lúcido y me enseña el grito de Joey aún cayendo por el abismo.
Ella tiene razón, Charley, he estado sordo, pero ahora puedo oír aquel grito
y las sirenas que en el puerto braman con furia y hambre de perro,
Charley, ¿por qué le dices al taxista la calle River si vamos al Garden?
No te reconozco, hermano, o quizá empiezo a conocerte, mentor de mentira,
con los pétalos en llamas de su antorcha ella me ha enseñado cómo eres,
ella es una rosa blanca, una paloma de plata que desde que murió Joey
irradia luz de morgue, desde que precipitasteis a su hermano del terrado
y no le nacieron alas, su corazón se ha convertido en paloma de la pena.
Ella tiene razón, Charley, no soy muy listo, pero su amor no es ciego,
alzando la ardiente rosa como una antorcha de lágrimas me ha enseñado
que tu amo Johnny se ha coronado emperador de los muelles de Nueva York
y que la décima parte del café, los plátanos, el whisky se caen de cubierta
para hundirse en los bolsillos sin fondo de su abrigo de pelo de camello.
Charley, qué quieres que te diga, no sé qué declararé mañana en el juzgado,
pero ahora sé que eres un halcón que te dedicas a acallar a las palomas.


Ella tiene razón, Charley, soy un vago y por eso no voy a aceptarte
el puesto que a cambio de mi silencio me ofreces en el nuevo atracadero,
nunca pensé que me ganaría la vida con una palabra y no con los puños,
¿no íbamos al Garden a ver el boxeo? ¿Prefieres hablar, Charley charlatán?
Ella tiene razón, Charley, soy un animal de la calle, pero con el instinto
de protegerla; carne de presidio, pero por ahora príncipe de las azoteas
y de las palomas que escriben en el aire la ilusión de la libertad,
odio los techos y el cielo es mi consuelo, el suelo de mi pensamiento
y mi aéreo imperio, soy el ídolo de los chicos como tú fuiste mi ídolo
cuando nos quedamos huérfanos y eras mi techo, mi suelo, mi cielo
que se me ha derrumbado como si me hubiera caído encima el pobre Joey,
¿qué vas a hacer para evitar que cante? ¿Cortarme las alas como a Joey,
la paloma que ya no cantará pero tampoco volará? ¿Te ha mandado Johnny?
Ella tiene razón, Charley, soy un fracasado, pero es por tu culpa,
en verdad ya me cortaste las alas la noche que me obligaste a perder,
de no ser por ti me habrían alzado el brazo a mí y no a Wilson,
le había medido y pesado el hígado y se lo tenía arrugado como el papel,
y si por culpa de las apuestas, Charley, maestro de chantajes y chanchullos,
en un descanso no me hubieras rogado que tirara la toalla,
ahora yo sería Wilson, campeón del mundo, y Wilson sería yo, un inútil,
el sicario de un sicario, pero muy en el fondo te estoy agradecido,
ya que gracias a las alas que no le nacieron a Joey la conocí a ella,
gracias a la alegría que le robé al barrio, porque todos lo amaban,
niños y borrachos, tenderos y trileros, incluso su padre y su hermana,
he comprobado la fina capa de carbonilla que infama cada esquina.


Charley, ella tiene razón, era un cínico que hacía malabares con la verdad,
pero la luz de su rosa ardiente me ha encendido el camino, me ha revelado 
que la más blanda bondad puede resistir a vuestros bates de béisbol,
su corazón de paloma me ha mostrado toda la escoria que flota en el muelle,
las cadavéricas luces que bordan los sueños insomnes de los desesperados,
que cuando tu amo Johnny se corta al trinchar, un niño llora de hambre,
porque él es el padre más cruel que pueden tener los estibadores
y trafica con los favores y las influencias como si fueran prostitutas:
qué quieres que te diga, la verdadera traición es no traicionar a Johnny.
Ella tiene razón, Charley, soy un golfo, por eso no quiero ese empleo
aunque me amenaces, ¿no decían que yo no trabajaría ni a punta de pistola?
Ahora que me apuntas siento que me despeño por una de esas azoteas,
pero en realidad eres tú quien como un ídolo caído te precipitas por el aire,
aunque eres tan vano, tan hueco, que nunca vas a acabar de caer,
como el grito de Joey nunca acabará de caer por el abismo de mi culpa,
no, somos tú y yo los que caemos abrazados porque no estamos en este taxi
que no va al Garden, ni siquiera a la calle River, sino directo al cementerio,
es Johnny quien juega con el taxi por control remoto, así que guarda la pistola,
Charley, ella tiene razón, en el silencio blanco yo estaba ciego, sordo, mudo,
pero como una paloma mañana cantaré con la tristeza en toda la sangre.
  

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