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jueves, 6 de marzo de 2014

LOS MEJORES AÑOS DE NUESTRA VIDA



                  

Sin manos soy un prestidigitador que ha perdido sus dos palomas, Wilma,
y con dos manos de desventaja mis garras te desgarran la piel de la pena,
porque conmigo serás novia del luto, del hierro, del desconsuelo.
En sueños aún veo a mis dos manos como tarántulas de cinco patas
caminando sobre mi horror, mis manos negras, hediondas, carbonizadas
en el bombardeo de nuestro portaaviones a manos de los japoneses,
cuando trescientos camaradas le dieron en el agua la mano a la muerte,
las manos velludas vienen por el filo del sueño, del miedo, a estrangularme,
muerte por aire, agua o fuego, siempre estoy en manos de la muerte,
vienen las dos a vengarse por intentar amputármelas del recuerdo,
en la vigilia vienen por renegar de su memoria a ahogar mi amor por ti,
por burlarme de ellas diciendo que ya no tendré que hacerme la manicura
esas dos me derraman de los vasos el veneno de la compasión
y las copas tiemblan entre mis ganchos y me vierten el ácido de la piedad,
por decir que no volveré a ponerme guantes, que ahora sí que tengo gancho
he soñado que vivía en un mundo donde yo era el único que tenía manos
y todos me las miraban morbosos de curiosidad o enfermos de horror,
por decir que ya no tendré que lavarme las manos, que me tenían harto
nudillos y falanges, que no me las frotaré ni crujiré, sórdido o temible,
tenemos a mano yo la angustia y tú  los muñones del amor.
Ya que soy un hombre sin tacto, te diré: lo peor es no tocártelo, no tocártelo.

En la Marina me enseñaron a abrir con estos ganchos las botellas,
a encender cerillas, a comer (rumiar mi desesperación), a vestirme
(de conformismo), pero no a sostener la esperanza ni acariciar la ilusión
de tenerte, ¿cómo haré para palparte el coral de cada pómulo, seguir la curva
de la nuca y de la espalda, para tocarte lo que más quiero (no tengo tacto)?
En el vuelo que me trajo de vuelta no dejaba de imaginarte, veía tu cara
perfilarse en el cielo, tu pelo se expandía en cirros oscuros, la frente
velada por la bruma, las mejillas aéreas, irisadas de tenues reflejos,
tu cabeza nimbada de un halo difuso, con una aureola de niebla,
cuando por el aire vinieron mis dos manos a estrujar las nubes
y la lluvia bajó por tu cara y te oscurecieron relámpagos de sombras:
dudaba del presente y de mi realidad porque nos prometimos de niños
y pensé que igual que yo solo había concebido la vida a través de tu mirada
tú habrías moldeado tu mundo a la medida de mis manos, y ya nuestro futuro
colgaba de mis dos garfios como una res sacrificada, como un ahorcado,
y por el cielo pareció vibrar un caza japonés, y te imaginé junto a un hombre
con dos manos y las lágrimas corrieron en sentido inverso hacia tus ojos.

En sueños me veo unas manos negras que hieden a miedo, a muerto,
unas manos que en vez de palomas son cuervos pero no me sirven de nada,
ni siquiera para suicidarme, pues ya solo podría hacerlo tirándome al vacío
o al mar, como mis trecientos camaradas: con estos hierros no flotaría,
las manos del sueño tienen lepra y nada pueden darte ni recibir de las tuyas,
no puedo echarte una mano, y por no contagiarte ni siquiera me atrevo
a tocarte lo que más quiero: puedo decírtelo ya que soy un hombre sin tacto.
Es injusto, pero solo por intentar olvidarme de que una vez las tuve,
por jactarme de que ahora tendrán que invitar a ron al capitán Garfio,
por tratar de impedir que el recuerdo de mis manos te aparte de mí,
vienen las dos a estrangularme la confianza y a ahogarme de rabia,
a hacerme creer que solo por compasión me dices que está en mi mano
que te quedes, que es la pena la que te ata las manos a un inútil,
a un ser indefenso incapaz hasta de matarse por su propia mano.
Por burlarme de mis antiguas manos mano a mano con mis amigos,
me he quedado en manos de la angustia, por decir que no puedo aplaudir,
el desaliento me lleva de la mano y estoy a mano de la catástrofe,
por decir que ya no pondré la mano en el fuego ni me las lavaré imparcial,
que ya no se me quedarán frías ni tendré que preocuparme de los anillos
voy de la mano de mis dos viejas manos que solo me sueltan para pegarme,
por dejar que Wyler me exhiba sin manos junto a Dana Andrews en un film,
por gritar que en ninguna otra guerra podrán ya quemarme las manos,
que con ninguna mano podré taparme los ojos, aunque en el portaaviones
trabajaba en la bodega y nunca vi nada, ningún soldado ve nunca nada,
por mucho que intente olvidar mis manos para quererte ellas vuelven
y te empujan lejos y me recuerdan que ahora que soy un hombre sin tacto,
Wilma, por fin puedo decirte qué es lo que más quiero tocarte: el corazón. 
        

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