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sábado, 20 de julio de 2013

EL BRUTO


                   
Andrés, un avaricioso propietario dueño de una carnicería, trata en vano de desahuciar de un edificio de su propiedad a un grupo de famélicos inquilinos con objeto de derruir la vivienda para vender el solar y así obtener el dinero suficiente con el que construir un nueva residencia de lujo para su familia, compuesta por su joven mujer y su senil padre. Sin embargo su estratagema choca con la actitud combativa de los cabecillas del vecindario que consideran ilegal el intento de desalojo que trata de efectuar el codicioso potentado.
Harto de argucias legales Andrés contratará los servicios como matón de Pedro, un operario de su fábrica cárnica conocido por sus compañeros como El Bruto debido a su descomunal poderío físico y a su escaso intelecto, para que amedrente con su fuerza a los rebeldes moradores de su posesión inmobiliaria. Andrés alojará a Pedro en el almacén de su casa (símbolo de la relación de dominio establecida entre el amo y su fiel perro), compartiendo así espacio con su hermosa mujer Paloma y su anciano padre, un viejo verde juguetón adicto a las golosinas y a los dedos mojados en tequila de su fogosa nuera.
Pronto se edificará una poderosa atracción sexual entre la visceral Bárbara, una mujer fatal que mantiene una relación distante con su marido al cual pone innumerables excusas para evitar tener que cumplir sus obligaciones maritales, y el tosco Pedro, un puro macho que colmará las necesidades sexuales de la joven Bárbara. Pero un desgraciado accidente causado por el escaso temple de Pedro para ejercer mecanismos de coacción originará la muerte de uno de los cabecillas de los vecinos a manos del matón. En la persecución que se establece por parte de los amigos del fallecido, Pedro va a parar a la chabola de la hija del asesinado, la cual esconde y protege a El Bruto creyendo que huye de una panda de malhechores. Este acto desinteresado provocará el enamoramiento sincero y fraternal de Pedro, que abandonará la casa de Don Andrés y a Doña Bárbara para iniciar una nueva vida amorosa con su nueva compañera.
Con todo, la felicidad de Pedro se verá truncada por los celos de Bárbara, que delatará ante su nueva amante la verdadera identidad de El Bruto, dando lugar de esta forma a el estallido de un torbellino de pasiones y violencia que culminarán en una estampida de hervor en  la que se saldarán viejas deudas del pasado de forma fatalista.
Un simple vistazo a la ficha técnica de El Bruto de Don Luís Buñuel podría hacernos pensar que nos encontramos ante la típica película del melodrama de oro mexicano por dos motivos: por un lado su trío protagonista constituido por los míticos Pedro Armendáriz, Katy Jurado y Andrés Soler y por otro su inconfundible argumento en el que los hombres que campan por la historia caen rendidos en las redes de una mujer temperamental que hace aflorar los más bajos instintos masculinos en su provecho.
Pero nada más lejos de la realidad. En mi opinión El bruto, al contrario de lo que he leído en algunas críticas publicadas, es una de las películas más oscuras y sátiras de la denominada etapa alimenticia del genio de Calanda. La cinta ostenta gran parte de los rasgos distintivos de la personalidad de Buñuel: su fetichismo por la anatomía femenina, su obsesión por el sexo, su inconfundible sentido del humor al más puro estilo de la picaresca del siglo de oro español,  una denuncia de los abusos de poder practicados por los poderosos y una fotografía rica en simbología en la que destaco las tres escenas de sexo que suponemos tienen lugar en la trama que son fotografiadas fuera de campo retratando en su lugar una hoguera como símbolo de la pasión que se está consumando  en otro lugar de la habitación.

                  

Y es que El Bruto es una cinta tremendamente turbia. No solamente por su virulenta trama protagonizada por un sujeto que emplea en beneficio de su patrón su tremenda fuerza física en sustitución de las pocas luces que adornan su cerebro, sino por su enrevesada historia en la que las inclinaciones sexuales pivotan en un cuadrilátero amoroso al más puro estilo de las novelas negras de James M Cain, dibujando una figura dotada de intrincadas y revueltas relaciones familiares ocultas a los ojos de los protagonistas – en el desarrollo de la epopeya se deja entrever que Pedro es en realidad el hermano bastardo de Don Andrés-.
Uno de los hechos más llamativos de la película es su mezcolanza de géneros. Si bien en un principio parece que la sinopsis va a optar por los derroteros del neorrealismo italiano – es clara la semejanza del comienzo de la película con Milagro en Milán o Noble Gesta – conforme avanza la narración el argumento va aproximándose hacia el universo del cine negro. De hecho la intriga es sospechosamente similar a la diseñada por James Cain en El cartero siempre llama dos veces – matrimonio disfuncional formado por un rico y viejo comerciante y una joven fogosa cuya rutina es interrumpida por la irrupción en el hogar de un joven visceral- Todos los personajes que aparecen en pantalla carecen de bondad, anteponiendo su interés propio a la solidaridad con el prójimo, reflejándose de este modo el odio profundo que sentía Buñuel hacia ciertos tics inherentes al ser humano. Únicamente, parece que el aragonés sienta cierta simpatía hacia el anciano padre de Don Andrés, un viejo travieso que aprovecha su estado demente para disfrutar de ciertas partes de la anatomía femenina de su nuera con total descaro y naturalidad. Suyas son las frases más jocosas y directas del guión, un script escrito por el propio Buñuel en colaboración con Luís Alcoriza, pleno de chascarrillos y de un humor muy negro que provoca la sonrisa del espectador ante las situaciones más grotescas e inimaginables.
Porque otro de los aspectos destacables de la película es su guión, de diálogos afilados y mordaces. A diferencia del cine pausado e introspectivo de otras cinematografías, en El Bruto los actores no paran de hablar, soltando perlas por su boca a cada segundo de metraje, no dando opción a que el silencio se apodere de la acción. El ritmo vertiginoso que disfruta la cinta es fomentado con una puesta en escena donde el plano medio y secuencia son los dueños del montaje.
Buñuel concede con este estilo un estilo muy teatral a la narración, apoyándose en planos rodados en decorados de interior y permitiendo que los actores se luzcan en largas secuencias sin cortes y muy dialogadas. Espectacular es la interpretación de Katy Jurado que consigue dibujar uno de los mejores papeles femeninos del cine mexicano. Es perturbadora la naturalidad que hace desprender a su personaje. Sus gestos, su entonación rememora las mejores actuaciones de la gran Anna Magnani. Igualmente Pedro Armendáriz está excepcional confiriendo a su papel del carácter bronco y rústico que precisa.
El director hispano mexicano renuncia al empleo de elementos neorrealistas para filmar una obra mayor,  intimista y de gran contenido ideológico, en la que el abuso de poder de los antiguos terratenientes apoyados en leyes promulgadas a su favor en aras de seguir ejerciendo relaciones de dominación en contra de los pobres, choca con el sentido de lo que consideramos justo. Y todo ello ornamentado con una puesta en escena directa, ágil, frenética, muy entretenida, con elementos muy buñuelescos como los anteriormente mencionados, por lo que los ochenta minutos de duración de la obra pasan en un abrir y cerrar de ojos.
Se dice que Don Luís  nunca tuvo mucho afecto a esta película. Seguramente el hecho de no incluir en su metraje elementos grotescos de puro surrealismo pudo ser el motivo de esta desafección. En mi opinión, El Bruto es una obra maestra, a la altura de los grandes melodramas de la historia del cine, de una modernidad y frescura que asusta a los ojos del espectador en pleno siglo XXI, y que goza de un elemento diferencial del resto de películas de este género: el toque picaresco, burlesco, obsesivo, innovador, cruel, morboso y singular de uno de los más grandes artistas que dio el pasado siglo XX: el gran Luís Buñuel.

 Autor: Rubén Redondo

  

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