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lunes, 28 de diciembre de 2015

EL POLÍTICO


                  

Negro es como la sombra el poder,
de terciopelo el placer de acariciarlo, una adicción como beber,
lo tuyo es sed de gloria, Willie, una borrachera de éxito,
estás solo y ebrio, no sobrio y solitario como yo
antes de que tus ansias de gloria usurparan mi carácter:
soy Mr. Starks,
el granjero que se granjeaba el favor y la amistad,
y como a un cerdo solo te arrojaba la sobras, sombras, de mi personalidad,
cuando aún revolcabas tu orgullo en el lodazal,
apenas habías contraído el germen de la ambición,
y era solo una larva tu afán de dominación.
Un relámpago de tiniebla te congela en el palacio de gobernador,
el flash te deja lívido y funerario, ciego de magnesio,
huésped del mármol y los brocados, tú, mi parásito,
amaestrando tus serpientes para que repten por las fallas de otras vidas,
azuzando a tus sabuesos contra los miedos de los antiguos amos:
solo has venido a sustituirlos con la coartada de sus pecados.
Tras de ti van quedando tus víctimas en los caminos del tiempo,
tras de ti las alpargatas y el arado, el calor y las penalidades,
la noria de las estaciones, las nubes de polvo de las ilusiones,
el condado que recorriste con una Biblia, la bandera y la verdad,
tras de ti el humo de tus sueños, el rastro de la sangre de tu inocencia,
la escuela en cuyas ruinas quienes no te creyeron enterraron a sus hijos,
los primeros hitos de tu carrera, Willie, ya te alimentaba demasiado,
como un domador te arrojaba tajadas, fiera insaciable,
aún te dominaba yo, Mr. Starks, el humilde sin vanidad,
pero en mi interior crecías como un feto o un cáncer, una solitaria,
tú, mi ego de demagogo.
Hambriento es como el amor el poder,
omnímodo y omnívoro, como todo homínido.
De tu palabra surge la obra, del mal el bien,
de la corrupción los hospitales, del cohecho las universidades,
de la explotación del hombre los embalses,
desde tu trono observas el horizonte, al sur quedaron tus dones,
tras de ti tu valentía de toro, tu cruzada contra la prevaricación,
las cimas de la rabia, el valle mortal de la Gran Depresión,
los discursos de paja de un candidato de cartón piedra,
tras de ti tus mentiras verdaderas, tu demagogia sincera,
las noches en blanco fantaseando con que eras aclamado,
tras de ti el sabotaje y el chantaje, las calumnias que hiciste tuyas
cuando aprendiste las artes del verdugo en cabeza propia.
Al fin penetraste en la noche de los poderosos,
a precio de oro te compraron las semillas de tus palabras
para que germinaran como trigo incluso en el secano,
para que las cultivaras como una fruta que a todos les gusta,
para que tras la campaña las cosecharas en forma de votos,
con el fuego de tu ira forjaste el martillo de lo antiguo,
como a cortesanas cortejaste a descorteses apellidos ilustres,
contrataste como guardianes a quienes antes guardabas y aguardabas,
el mafioso Tiny Duffy, la sádica Sadie, el enano Sugar oloroso a pólvora,
y bajo tu mando todo el estado empezó a parecerse a ti,
la gente contaba tus chistes, se fabricaban tus productos favoritos,
te nombraban los estadios, las autopistas, incluso el aeropuerto,
hasta el mapa reproducía el perfil de tu cara terca y porcina,
y entonces, Willie, aparte de comer empecé a darte de beber,
eras adicto al amor, al poder, al alcohol,
ávido del aire a mí no me dejabas respirar, al antiguo Mr. Starks.
Y en las cloacas los mendigos lloraban por tus pérdidas en la ruleta,
las beatas pedían por ti, los brujos te invocaban,
si tú silbabas se apagaba para siempre la ventana de alguna anciana,
cada vez que te saltabas la cena un niño contraía la difteria,
cuando te enfadabas una tormenta purificaba los barrios bajos,
vulgar ídolo del vulgo tallado a su imagen y semejanza,
depositario de la ilusión colectiva, custodio de su confianza,
todos te bendecían y adoraban menos yo, el primitivo Mr. Starks,
por ti, Willie, incorporado, abducido, impostado,
ya no me reconocen los perros, ni mi esposa, mi hijo, ni mi viejo:
casi me ha devorado el monstruo ciego de tu orgullo.

                             
  

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