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sábado, 22 de junio de 2013

SUSANA


                  

La vida cinematográfica del gran maestro del surrealismo cinematográfico deambulaba sin rumbo fijo a mediados de la década de los cuarenta entre rígidos cargos en el MOMA y estudios de doblaje en la Warner BROS cuando en un momento de lucidez resolvió abandonar  en 1946 el país de las barras y estrellas para establecerse en México. El país centroamericano vivía por aquel entonces su bien llamada época de cine de oro con maestros como Emilio El Indio Fernández, Roberto Gavaldón y Fernando de Fuentes en pleno esplendor creativo. Con esta decisión el  genio de Calanda encontró la libertad necesaria para dejar brotar su enorme talento e iniciar un camino plagado de obras maestras.

Si bien su primer film en México fue un producto de encargo con Jorge Negrete y Libertad Lamarque (Gran Casino), no tardó en dotar a sus criaturas mexicanas de un inconfundible sello personal caracterizado por su obsesión por el sexo, la religión y la muerte, su adoración al Marqués de Sade, su pesimismo cruel, su misoginia y tras una primera etapa más moderada dentro de los cánones del melodrama clásico mexicano logró explotar su vertiente más surrealista en películas como Nazarín, Simón del Desierto, Viridiana (a la que considero tan mexicana como española) y El ángel exterminador.

Susana forma parte de los llamados trabajos comerciales que Buñuel decidió filmar tras el enorme éxito mundial de Los olvidados. Gran parte de la culpa de la realización de la película la tuvo el mítico actor mexicano Fernando Soler, divo del cine de oro que ya había coincidido con el cineasta español en El Gran Calavera. Considerada una obra menor alejada del cine más personal del maestro aragonés, Buñuel supo plasmar todo su arte y dominio de la técnica para rodar una película notable poseedora de una fogosa intensidad en la que afloraban los instintos más bajos del ser humano.

Es fácil identificar en la película las principales características del gran melodrama mexicano distinguido por la presencia en el argumento de una temperamental y ambiciosa mujer fatal que perturba la tranquilidad de una familia acomodada a través de un juego de seducción en el que acabarán cayendo todos los miembros masculinos que forman el ambiente hogareño. Sin embargo Buñuel, optó por no seguir los patrones convencionales del género, concediendo a la historia un personalísimo sentido del humor, casi satírico, adornado por una marcada presencia del sexo como motor que mueve los hilos de las actuaciones humanas.

La sinopsis podemos resumirla de la siguiente manera: Tras una noche tormentosa, Susana una atractiva joven que se encuentra recluida en prisión, logra escapar de su cautiverio rompiendo las rejas que la privaban de libertad. En su huida carcelaria, acabará recalando en el rancho de la familia de Don Guadalupe, un acaudalado y honesto terrateniente que vive con su tradicional esposa Doña Carmen y su sobreprotegido hijo Alberto. La casa también cuenta con la presencia de la desconfiada criada Doña Felisa y del fogoso capataz Jesús, la mano derecha de la familia que se encarga de resolver todos los conflictos laborales con eficacia y fidelidad.

                 

Desconociendo la verdadera procedencia de la recién llegada, la familia acogerá a Susana a la que ven como una pobre muchacha que necesita desesperadamente ayuda. Susana utilizará la adulación para ganarse la confianza de Doña Carmen, traicionando la cordialidad de la matriarca para seducir lentamente a los hombres que habitan la finca.

 La joven empezará su juego de conquista con el bisoño Alberto al que apresa adulando su inteligencia, hará el amor con el puro macho Jesús y terminará asediando a la pieza mayor del coto de caza, es decir, Don Guadalupe. El patriarca no podrá contener su pulsión sexual tras observar las maravillosas y estilizadas piernas de Susana, que en un arranque de fingimiento no dudará en destaparlas ante la presencia del veterano cabeza de familia. De este modo el huésped se transformará en un parásito que fagocita la rutinaria vida familiar, exteriorizando la lujuria presente en los personajes varoniles.

En el recorrido de la trama presenciaremos la destrucción de la pacífica convivencia familiar, el despido de Jesús que será víctima de las artimañas de Susana para quitárselo de en medio tras descubrir que el capataz es conocedor de su origen delictivo y asistiremos a las perversas artimañas de Susana dirigidas a ocupar el lugar de Doña Carmen.

La película está plagada de escenas magistrales que se quedan grabadas en la memoria, siendo mis favoritas la de la estratagema de Susana simulando una torcedura de tobillo para provocar sexualmente a Don Guadalupe exhibiendo sus espectaculares piernas, la escena sádica en la que Doña Carmen castiga a latigazos a la descarriada, los enfrentamientos entre padre e hijo que pugnan por el amor pasional de Susana y las maravillosas escenas costumbristas protagonizadas por la criada de la Hacienda, Doña Felisa, que con toda la sapiencia del refranero castellano describe a la perfección los acontecimientos que están teniendo lugar en el nicho familiar.

Buñuel emplea la técnica del melodrama para recrear una historia misógina de pasiones excesivas, dibujando una de las más crueles y divertidas femme fatales del cine, huyendo de la sensiblería para construir una historia turbulenta, compleja y tremendamente entretenida en la que rediseña los esquemas del melodrama para llevar la trama a su sátiro terreno.

Destacable es la académica fotografía en blanco y negro de tenebrosos cielos y magníficos planos de exterior conjuntados con intimistas planos interiores que reflejan a la perfección las pasiones de los personajes. Igualmente es impresionante  para la vista la belleza salvaje de Rosita Quintana, que estimula la emanación de feromonas masculinas en cada primer plano de su agraciado cuerpo.

Si bien el final de la película opta por el convencionalismo y el triunfo de la virtud sobre las pasiones, Susana es un melodrama atípico, de un estilo burlesco que no ha pasado de moda y que hará deleitarse a aquellos espectadores que deseen disfrutar de una historia turbia dotada de un alto contenido erótico (para la época) que bebe de los libros de picaresca del siglo de oro de la literatura española. Una obra a descubrir para los que desconozcan el maravilloso cine comercial de la etapa mexicana de Don Luis Buñuel Portolés.

Autor: Rubén Redondo. 

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